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Escritura y literatura en Internet



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Hace mucho que Internet deja de ser aquel espacio extraño, libre y curioso que era hace 15, 10, o incluso 5 años. Cada vez más personas lo consideran parte de lo conocido y lo cotidiano, más cercano al aburrimiento que a la emoción. Para otro grupo de gente, Internet equivale a Facebook: un caudal de opiniones sobre cualquier asunto e innumerables fotos de todo, un lugar donde cada uno publica sin muchos reparos. Tanto el texto publicitario sobre un libro (ya que hablaremos de literatura), como el comentario crítico tienen el mismo peso. Al menos porque en Internet todo puede aparecer y luego rápidamente se va. Es como si Internet fuera cada vez menos un mundo o un océano y cada vez más un simple texto – lo que siempre fue para sus creadores y para los que entienden su profundidad – que puede ser corregido, reescrito, subrayado y borrado, o mejor dicho ocultado.

La literatura forma parte de Internet desde que este surgió como plataforma pública a la que cualquiera puede acceder. No es posible que un breve artículo abarque todas las dimensiones de lo que llamamos “literatura” en Internet. Además, el espacio virtual a menudo desafía al significado de la palabra “literatura”. En cierta medida, es posible, y también interesante, intentar seguir todos los movimientos más visibles que constituyen la imagen del arte del texto literario en nuestro ciberespacio.

Los escritores búlgaros, creando sus obras en un idioma minoritario, no disponen de la infinidad de Internet. Sitios como Amazon, donde uno puede comprar, vender, escribir y publicar por si solo un libro que o bien se pierde entre miles de otros libros parecidos, o bien sorprende convirtiéndose en un bestseller, sirven de ejemplo. Es una oportunidad para el futuro.

Por otro lado, nuestros autores tradicionales raras veces usan Internet como creadores. Faltan páginas oficiales, blogs oficiales, y ni hablar de Twitter, aunque fue precisamente en Twitter donde salió la última novela de David Mitchell “Slide House”. Parece que excepto para la creación de su propia página de Facebook, el escritor búlgaro sigue prefiriendo habitar los territorios de los libros de papel, sobre todo los de editoriales y revistas prestigiosas.

Al mismo tiempo, precisamente en Facebook está cogiendo fuerza una nueva forma de escribir, un resto de la subcultura de los foros de la década de los 90 y los primeros años del siglo XXI, que está cosechando éxito entre los lectores y que se traduce no solo en el número de veces que se dio “me gusta”, “compartir” o los comentarios recogidos, sino también en ventas. Es curioso que las dos manifestaciones del éxito no se solapen, sino que están trazando una nueva trayectoria para los escritores Bulgaria. Los autores parten de su perfil personal o falso en Facebook, ganan seguidores y popularidad, después los descubre algún editor que publica sus textos (hasta hace poco meros estados en las redes sociales) en un libro con el auténtico nombre del autor, quitando el pseudónimo, y el usuario ya se convierte en escritor. (Aquí es importante aclarar que al decir “usuario” me refiero únicamente a la persona que sabe usar las posibilidades del medio de comunicación en el que manifiesta su presencia, lo cual no implica tener o carecer de gusto literario, perspicaz o malo.) Si a través de este tipo de escritura hay tentativas de cambiar el statu quo de la actividad editora y de las ventas en nuestro país, dichas tentativas son casi invisibles. Así, Facebook, e Internet en general, se convierten en un campo experimental para la eventual fuerza de mercado de, es un decir, la tía Eudoxia (una vez que el periódico ha demostrado la fuerza de Lola Montesquieu, por ejemplo).

En cuanto a la literatura, el espacio de Internet en Bulgaria está dividido en dos partes. Por un lado, tenemos escritores consagrados, serios, que apenas lo usan para su actividad literaria. Por otro lado, tenemos aficionados a la escritura, narradores graciosos que procuran crear folletines de nueva clase, o simplemente cómicos, para los cuales Internet es algo así como incubadora en la que ellos guardan una relación directa con sus lectores y seguidores.

No será exagerado afirmar que el objetivo de cualquier actividad literaria en Internet en nuestro país es abandonar el espacio virtual y editar un libro real que se venda en una librería real. Ningún escritor quiere quedarse anclado en Internet, por lo cual, el mercado y los rankings están llenos de cualquier tipo de obras que confunden tanto a los lectores como a los críticos.

Si las historias del “Diario de los panelaks” funcionan como cuentos en Facebook (como afirman algunos lectores en Goodreads), ¿por qué no se busca una manera de que este tipo de escritura cree un nuevo entorno, más bien comercial y emocional que estético? ¿Por qué no mediante nuevos modelos de publicar y de comprometer (incluso económicamente) a los lectores que sean una alternativa a los modelos serios, pero que creen cúltura? En las Filipinas, por ejemplo, existen muchísimos autores en línea que usan blogs, incluso plataformas como Hackpad, para crear obras literarias masivas accesibles y populares. Es una cultura pop claramente delimitada, algo distinto a la literatura seria del país, pero que evoluciona de la misma manera, simplemente siguiendo otra ruta.

Si los libros como el arriba mencionado o como las obras de Emil Konrad no son literatura ¿por que los autores de la literatura auténtica y los críticos no amplían su actividad en Internet, publicando textos literarios y artículos, y no ofrecen al lector más ejemplos claros y más posibilidades de formarse una opinión más fidedigna?

Además, si el lector se siente confundido y no sabe distinguir entre publicidad y texto real sobre las cualidades de una obra, ¿por qué no para el scroll en Facebook y se pone a leer más detenidamente? Las diferencias son fáciles de notar.

Los rankings de ventas, los grupos de lectores en Internet (en los que muchas veces hay discusiones sobre qué es un libro serio y qué un disparate) los escritores con seudónimos, la abundancia de páginas web literarias (que se caracterizan por falta de reseñas, distintas a los comentarios emotivos tipo “He leído el libro y me ha conmovido profundamente”) … Toda esta avalancha de sentimientos, impulsos, tentativas hace que los hechos sean cada vez más invisibles y difíciles de señalar (¿Qué significa realmente buena literatura? ¿Existen libros no auténticos?).

Tal vez la posverdad sea el contexto de nuestra literatura contemporránea. La falta de crítica operativa, junto con la presencia de anuncios publicitarios agresivos, únicamente hacen que la distancia entre el lector y “los hechos” de la literatura aumente: aquellos rasgos propios que la convierten en un arte importante, no solo posting por diversión. Como en cualquier otro mundo de la posverdad, aquí también es importante empezar a pensar en la responsabilidad sobre el texto: la responsabilidad del escritor hacia la creación, del lector hacia la recepción, del crítico hacia el análisis, del blogger hacia el comentario, del editor hacia el producto.

Превод: Светослава Славчева



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